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APUNTES SOBRE LA MÚSICA DEL AZAR
DE PHILIP HAAS

publicado en No Retornable (diciembre 2007)

Sinopsis (ir)relevante
Un jugador de póker que se pretende profesional y su casual inversor pierden una apuesta contra dos excéntricos millonarios quienes deciden hacerlos pagar la deuda con trabajo. Los perdedores trabajarán y vivirán en los terrenos de la mansión. Deben construir una pared con las piedras (1) de un castillo irlandés que los millonarios compraron en su último viaje a Europa.

¿Cuál es el sentido de la vida?
En el preciso momento en que comienza la película, ¿cuál es la próxima movida que da sentido a la vida del jugador de póker profesional? Una partida contra los millonarios, gran oportunidad de su carrera. ¿Y cuál la de los millonarios? Poner a prueba su suerte en esa revancha después de haber perdido. ¿Y cuál es el sentido del casual inversor, el protagonista?

¿Cómo podría uno despojarse hasta la nada para encontrar el verdadero sentido de la propia vida (2)?
El protagonista ha renunciado a su trabajo, a sus pertenencias y al amor. Solo le quedan 10.000 dólares y una hijita por visitar. La idea sería llegar a cero, sin un centavo y hasta privado de libertad. Esa suerte de esclavitud en la que finalmente quede involucrado resultará un alivio. El trabajo forzado podría ser una oportunidad para redimirse.

La música del azar, toma 1
Si el único sentido válido de la vida lo da el azar, la música del azar sería aquello que nos movería a desarmar la cajita musical para tratar de entender cómo funciona (llegar al corazón, allí desde donde se parte de cero). Dilucidar la música de la armonía universal como los pitagóricos; o escribir el Harmonices Mundi de Kepler; o, tal vez, practicar el ohm, sílaba sagrada del Hinduismo relacionada con el sonido que aún podría escucharse como efecto del big bang (confiar en que el azar tiene un patrón reproducible a diferentes escalas)

La música del azar, toma 2
Pero también podríamos pensar la música del azar como el hechizo que el juego ejerce sobre el apostador hasta volverlo frenético. Esa promesa ilusoria de salvarse sin tener que trabajar (o por qué no, de salvarse a secas). Ese falso jurarse a uno mismo que cuando se llegue a una meta determinada, uno va a retirarse.

El frenesí puede terminar en sinsabor. “Deben haber hecho trampa, yo no nunca pierdo”, sospecha el jugador.

O el frenesí termina en golpe tranquilizador. “Tomémoslo como unas vacaciones, hasta puede ser divertido, total, yo no tenía nada que hacer”, el inversor feliz de recibir castigo.

La música del azar, toma 3
La música como música. Lo que en el libro funciona de referencia cultural (3) para construir el personaje del protagonista, en la película aprovecha ese otro soporte que le es tan propicio: la banda de sonido. Phillip Johnston, a cargo, despliega brass bands en escenas optimistas y oprime con cuerdas en los momentos más angustiantes.

La música de la pluma
La música de la pluma de Auster. Ese lenguaje simple y sin embargo tan cuidado —llano y a la vez musical— está presente en toda la película. Los personajes no hacen más que darle vida a los diálogos que pasaron intocados del libro al guión.

¿La película sobe un libro debe ser igual al libro?
Tal vez sea esa transposición literal la que genere la ilusión de que leer el libro y ver la película es casi la misma cosa. ¿O es por el parecido físico entre Mandy Patinking (el protagonista) y Paul Auster (4)? También podría ser: el film pareciera seguir la novela prolijamente, escena a escena, detalle a detalle. Y no es sino a partir de pequeñas diferencias que la película se vuelve más y más respetuosa con el sentido original de la novela.

Mamushka rusa
La simbología de los objetos (5) y las puestas en abismo son pilares en la obra austeriana. La más destacable es La maqueta de la Ciudad del Mundo, pasatiempo de uno de los millonarios. “Todo sucede a la vez en la Ciudad del Mundo”, explica el otro, orgulloso del trabajo de su compañero. Una suerte de aleph (¿el engranaje de la cajita musical?) donde Stone hará la réplica de su mansión y a su vez deberá incluir otra Ciudad del Mundo y así y así. El objeto maravilloso que, violado por el protagonista al robarse los muñequitos que representan a los millonarios, acarrea algo como la furia de los dioses que conlleva a la desgracia cuando el jugador, que venía ganando, comienza a perder la partida en ese mismo instante.

Esta Ciudad del Mundo es un recurso muy bien explotado en la película. Los planos generales del campo en el que los perdedores tienen que construir la pared a veces se confunden con la miniatura de la maqueta, generando extrañamiento y perturbación. Cuando abren las escenas con esos planos no sabemos, nos sorprendemos de golpe, recordamos: ¡ah, la maqueta! Una mano de guante blanco agrega una piedra más en la pared, ¿para reproducir o para dirigir los movimientos de los perdedores? Otras veces, simplemente dudamos: ¿la maqueta?

Auster dice que su literatura es realista
Philip Haas, director y adaptador del guión, viene del cine documental. Viene de filmar “el mundo real” (¿qué es real?) para meterse justo con una historia de Auster. Una historia donde el pliegue que trastoca la realidad de los personajes produce ese mismo extrañamiento en ellos y es tan sutil que muchos críticos compararon la película con un capítulo de la serie Twilight Zone.

Lo más suculento, la escena de sexo que no aparece
¿Por qué una escena de sexo es prescindible en la película pero no en el libro? ¿Podríamos decir, por ejemplo, que la necesidad sexual del protagonista, según aparece en el libro, también serviría de referencia cultural, como la música?

Sexo es cultura
El erotismo, según Bataille, es exclusivo de la cultura humana, pues surge como intento de superar la angustia que produce la muerte. Y sólo el hombre es consciente de su propia muerte. El deseo sexual que sorprende al protagonista en una erección mientras piensa en contratar una prostituta para que averigüe el paradero del jugador de póker, bien podría ser una pieza más de este personaje en búsqueda de sentidos.

Para un futuro dossier
En el libro, Auster es explícito. Nombra esas erecciones y pone a la prostituta a hablar acerca de su maestría al mover la pelvis. Sin embargo, su especificidad con los detalles no podría traducirse en escenas de sexo explícito. Tal vez porque los personajes-construcciones-de-datos-y-elucubraciones-mentales de Auster nunca son carnales (6). Aún desde esa sencillez de la música de su lenguaje, son poéticos (7). Ni película porno, ni leños ardiendo mientras la cámara se desvía, pero tampoco National Geographic. Tal vez por eso, Haas, el documentarista, se ahorró una escena de humanos copulando.

NOTAS
(1) Fragmento del poema “Desapariciones” (1975-1977) publicado en Pista de despegue, de Paul Auster. Ed. Anagrama (1998)

y de ahí un idioma de piedras,
porque sabe que toda la vida
una piedra
dará lugar a otra piedra

para hacer una pared

y que todas esas piedras
formarán la monstruosa suma

de detalles.

(2) Una decisión consciente en Marco Fogg (El Palacio de la Luna)
(3) Jim Nashe antes de arrojarse a los caminos en su Saab rojo (en la película un BMW) vende su casa y todas sus pertenencias, entre ellas su piano. Compra casetes para escuchar en el estéreo del auto y sólo guarda sus partituras. Más adelante (escena que no aparece en la película) hacia el fin del libro va a pedir que le consigan un teclado y volverá a tocar.
(4) Esto si elegimos considerar que todos los protagonistas de las novelas de Auster son Auster. O, al menos, que con esta fantasía está jugando Auster todo el tiempo.
(5) Cuando Auster vino a Buenos Aires en el 2002 a presentar el libro “Pensé que mi padre era Dios” dio una charla en el Malba sobre el cine y los objetos. Se refirió a las películas La gran ilusión (Jean Renoir), Cuentos de Tokio (Yasujiro Ozu), El mundo según Apu (Satyajit Ray), Lulu on the Bridge y Smoke (Auster) y El ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica).
(6) Pienso también en la escena lésbica de Anna Blume en El país de las últimas cosas, o en la felación que Martine le hace a Sydney Orr en La noche del oráculo, entre otras.

(7) “La poesía lleva al mismo punto que todas las formas de erotismo: a la indistinción, a la confusión de los objetos distintos. Nos conduce hacia la eternidad, nos conduce hacia la muerte y, por medio de la muerte, a la continuidad: la poesía es la eternidad. Es la mar que se fue con el sol”. El erotismo, Georges Bataille. Ed. Tusquets

ENLACES RELACIONADOS

Paul Auster (the definitive website)
The Music of Chance (Movie)
Music for films by Philip Johnston
Mandy Patinkin
Reseña de Mark R. Leeper para IMDb
Entrevista a Paul Auster, diario el país

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